
Quiero ser uno de los suyos (¿y quién no?): inoperante, incompetente, pero bien situado, luciendo el oro que no reluce, gozando del merecido prestigio de todo ser dócil y sumiso. Quiero vivir a cuerpo de rey siendo un completo inútil, vanagloriarme en público de mi ignorancia supina saliendo en los medios de comunicación y, sin parar de decir tonterías sobre cada nueva obra mía -más pedorra que la anterior- en entrevistas perpetradas por otros tan idiotas como yo (o más), sacar más pecho que nadie y que me aplaudan por ello. Sí, señoras y señores, quiero ser uno de los suyos para vivir del cuento, estar en nómina toda la vida y reírme en la cara de todos esos perdedores que maldicen mi asfixiante palu(r)dismo.
¡Por favor si hay algún lector de estas líneas que me ayude! ¡Que tenga piedad de mí y me dé un buen trompazo a ver si así me atonto sin remedio y, por fin, me admiten en su club! Por mi cuenta y riesgo ya lo he intentado infinidad de veces, sin éxito por el momento. ¡A ver si con su desinteresada cooperación lo consigo de una vez por todas!
Próxima entrega: Un millón para el peor.
Etiquetas: Actos de contrición
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