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Diario de un ser inadaptado (culturalmente hablando)

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Lugar: Distopia, Cosmos, U.S. Outlying Islands

Nací sin pedirlo expresamente por allá el siglo XX; luego no me quedó más remedio que (mal)vivir todo lo que pude, o mejor, me dejaron.

viernes, junio 08, 2007

15. Armando Reloaded: Deus ex máchina


Llevaba ya mucho tiempo –¿fueron dos horas o dos siglos?, y es que a resultas de responderme semejante pregunte averigüé entonces el auténtico significado de la Eternidad misma– escuchando a la multiplicidad (dos) de seres que cohabitaban en un único cuerpo conocido bajo el nombre del Padre Armando. Pero el estupor no acabó aquí, no: hubo más; si por el grandísimo tostón que había aguantado sin rechistar supe del Armando Padre y del Armando Hijo, luego, tras aguantar en la sala otra Eternidad o dos, descubrí al Armando Espíritu Santo, o eso o fue que debí alucinar (una vez más) después de la borrachera mental que sus palabras –santificadas sin excepción por los allí presentes– causaron en mí. Y así, alucinado o arrebatado vi a Armando mismo descendiendo al escenario con la lentitud mayestática de un mecanismo de relojería, y ahora se nos presentaba –por si no tuviéramos ya suficiente con dos Armandos– un tercero, encarnado bajo una nueva forma sin forma, pues de ella sólo se apercibía una intensa luz que salía de dentro hacia afuera alcanzado a todos los infraseres que allí permanecíamos resignados a la suerte que todos esos Armandos tuvieran a bien dispensarnos. Y así, este tercer e inesperado Armando interrumpió la trama (o madeja) discursiva iniciada por Armando Padre y Armando Hijo para, según les dijo, revolver la complicada situación discursiva de los susodichos Armandos, y es por ello que entonces de esa presencia radiante brotó una poderosa voz gutural que esputó lo siguiente:

“Irrealmente no creo muchas o, mejor dicho, no he creado más bien a ninguna, así que no creo y punto, pero en su defecto imagino, y por ende imagino que ninguna de las doscientas personas de esta sala se habrán interesado por nada de que lo que hayáis podido proclamar que no tuviera calado en cuanto a contenidos, ni entidad en cuanto a estructura discursiva; es decir, no se han interesado por nada de lo que vosotros Armandos les habéis contado. Porque es que además, vosotros Armandos –que ni os conozco ni sé nada de vosotros aun siendo parte de mí, igualmente Armando– diciendo cosas como las que decís de tanta banalidad (pero de la banalidad con V, de vendetta) e inocencia a pesar de que nadie lo diría porque Armandos sois, sí que demostráis aspectos sobre vuestra personalidad que no transmiten cosas –cuantas cosas por cierto si juntamos estas a las de antes– en principio ni en el medio ni al final (¿y durante?) halagüeñas u hogareñas ni encomiables o soportables, ni mucho menos envidiables o maleables (porque son duras como el cemento), a pesar de ser quienes sois: tan Armandos como yo, o más; pues me veo en la obligación de deciros que ser Armando, al igual que ser médico anestesista (pues es que una anestesia cuanto menos ligera es siempre recomendable previa a la atenta escucha de vuestros discursos) o piloto de la armada (para huir veloz de la sala donde estéis aleccionando y luego si acaso regresar con un bombardero con la suficiente munición que arrojar y no dejar títere de Armando alguno con cabeza), no se es "de verdad" o "de mentira", sencillamente se es o no se es, y la realidad es que vosotros Armandos hasta el momento presente, orando aquí, no habéis dado muestra de disponer de ningún talento en particular a excepción de ser meros Armandos. Queda inaugurado este pantano del que hacéis bien Armandos por formar parte pues es que, si me permitís y sino también ya que Armando mucho es, yo os invitaría además a valorar la posibilidad -sólo la posibilidad- de que tal vez lo que ocurre no es que no os entiendan, sino que no os expliquéis: es una mera cuestión de semántica Armandosiana en realidad. Y por riguroso orden, sin omitir nada de mi mente, y, sobre todo, sin añadir nada (porque últimamente –unos cuantos lustros o décadas para precisar– ando escaso de ideas), de nuevo, os reitero mi invitación a calibrar desde un enfoque más educado, más que todo de un Armando que se precie como tal en las manos o en los pies, las capacidades de los demás Armandos para ver o no sentido a las cosas (y ahora ya tenemos tantas de cosas si reunificamos las otras cosas anteriormente sacadas a colación o directamente a la colada que ya no nos van a caber ni en nuestras mentes por muy Armandos que seamos). En suma Armandos todos, henos aquí reunidos, ¿y para qué?, o sea traducido al esperanto pasando por el Pisuerga: todo se resume a una cuestión de educación decirle a alguien Armando que "no he entendido" algo que ha dicho tal u otro Armando, cuando lo que sucede es que no lo entendería ni el Armando más aventajado exegeta de la misma Torá Armansiana. No sé Armandos, si me empiezo a explicar (punto este siempre espinoso y harto complicado viniendo el discurso de un Armando como yo o, también, como vosotros), pero sino no os preocupéis pues lo intentaré de nuevo en otra ocasión, empleando toda la claridad de la que un Armando es capaz de aplicar a un discurso procedente del mismo Armando ya que, por si no lo teníais claro, yo, Armando, deseo ser querido y aceptado tanto como cualquier otro Armando, ya que amar a un Armando es la sensación más intensa que existe: amar y ser amado entre Armandos, o ser querido por todos los Armandos posibles, y es que ya somos nada menos que tres. He dicho, Armandos.”

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